Esa intencionalidad didáctica que mencionamos y
que se le destaca a la fábula como uno de sus rasgos salientes, resulta del uso
que a la misma se le atribuía y daba en la antigüedad grecorromana, en la cual
era utilizada por los esclavos pedagogos para enseñar a los niños que les
tocaba educar, siendo el paganismo y su máxima acerca de la imposibilidad de
cambiar la condición natural de las cosas, la primera enseñanza que estos les
brindaban a sus “alumnos”. Luego, con la difusión del cristianismo y sus
preceptos más morales, las fábulas también cambiaron un poco sus enseñanzas y
empezaron a proponer la posibilidad de un cambio en la naturaleza con juicio
moral incluido. Ya en el siglo XIX, la fábula se encontraba notablemente
difundida y convertida en uno de los géneros literarios con más adeptos, hecho
que contribuyó no solamente a la ampliación de los temas acerca de lo que se
ocupaban, sino que además empezaron a aparecer las primeras colecciones
especializadas sobre las mismas.
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